De mi padre: la mansedumbre y la adhesión inquebrantable a los juicios obtenidos después de un profundo examen; el no vanagloriarse con honores aparentes; el amor al trabajo y la constancia; la disposición a escuchar a quienes tenían algo que proponer para el bien común; el repartir sin vacilaciones a cada cual según su mérito; el tino para saber en que ocasión ser estricto y en qué ocasión ser indulgente.
Del Libro I de las Meditaciones de Marco Aurelio.